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La Habana - Malecón

La Habana - Malecón

El malecón habanero: el banco más largo de Cuba 

Si existiese un lugar que limitase con el reino de las olas y se sintiese el vaivén del salitre como un compañero más, seguro se llamase malecón. Si existiese un espacio por excelencia para el sosiego, el paseo, y el amor fortuito seguro se encontrase en el Caribe. De existir un escenario donde la música se transformase en alegría y  desbordase al pueblo con sus contagiosos sonidos carnavalescos, seguro se hallaría en La Habana… Para muchos, este sitio idílico no existe, sin embargo, cientos de cubanos disfrutan de él a diario. Se llama malecón habanero y no es más que una amalgama de sentimientos y hormigón que se extiende unos pocos miles de metros, desde el moderno Vedado hasta la tradicional Habana Vieja.

Esta obra maravillosa y de fama universal, es una de las principales arterias de la capital cubana, una mezcla de concreto, vehículos y transeúntes, quienes descubren la ciudad a través de aquellos lugares emblemáticos que se ciñen a los seis carriles, tres en cada dirección, que conforman la emblemática avenida. 

A lo largo de su trayecto se aprecian lujosos inmuebles como el Hotel Nacional y el Riviera, una grata armonía de cómo lo moderno se funde sin complejos con las clásicas edificaciones de antaño. El Anfiteatro de La Habana y el imperecedero Castillo de la Real Fuerza pactaron con la modernidad y le otorgaron nuevos espacios a bisoños comercios, restaurantes especializados, centros recreativos e imperturbables edificios multifamiliares que hoy contornean la urbe.

Los parques y monumentos construidos desde las primeras décadas del siglo XX, le concedieron al malecón un alto valor urbanístico y ambiental que rediseñó la imagen de La Habana hacia el mundo. Hoy, visitantes nacionales y extranjeros pasean mientras observan imponentes estatuas dedicadas a próceres de nuestra independencia como los mayores generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Calixto García. Un país tan arraigado a su historia como Cuba localiza a lo largo y ancho de esta vía importantes sitios que definen su futuro y su pasado. Los monumentos erigidos a la voladura del acorazado Maine, a los estudiantes de medicina fusilados en 1871, y la moderna Tribuna Antiimperialista  explican los por qué de ciertas tradiciones nacionales.  

Cómplices de una admirable vista a la entrada de la bahía habanera, los pescadores de la rada, se aferran cada día a la esperanza de atrapar algún manjar del lecho marino. Poco importa el tiempo, las temperaturas, o cuán avanzada se encuentre la noche, los pescadores siempre esperan las bondades de Poseidón así como el malecón aguarda cada año ser rescatado de las agresivas condiciones de la costa, donde el salitre y las inundaciones del mar, en más de una ocasión han maltratado este incalculable símbolo de la ciudad.

La denodada batalla que libra el malecón contra el mar y contra el tiempo ha inspirado a varios artistas de la plástica y las letras. El insigne escritor Alejo Carpentier, en disímiles momentos de su carrera literaria, dedicó algunas ideas llenas de pasión al banco más largo del litoral habanero, pues como decía el autor este “adorno de puestas de sol es único en el mundo”.

La magia del malecón habanero comenzó hace más de un siglo, cuando los ingenieros norteamericanos Mr. Mead y su ayudante Mr. Whitney diseñaron y construyeron el primer tramo del concurrido paseo, el cual recibió el nombre oficial de Avenida del Golfo, aunque el pueblo siempre lo insinuó sin mucho formalismo, para el ciudadano de a pie era solo “el malecón”.

De 1901 a 1902 las faenas de edificación del muro abarcaron de La Punta a la calle Crespo. En 1919 llegaron hasta la avenida Belascoaín y dos años más tarde se prologó hasta las inmediaciones del monumento al Maine. Durante la dictadura de Gerardo Machado continuó su ampliación hasta llegar a la calle G, y en 1950, bajo el gobierno de Carlos Prío Socarrás, concluyeron las obras bien cerca del Castillo de la Chorrera, junto a la desembocadura del río Almendares.

Gran parte de la belleza del malecón se debe a la labor desempeñada por el pasajista francés Jean C.Forestier, quien fue contratado en 1925 para ofrecer a la urbe un esplendor semejante a las ciudades más modernas y civilizadas del viejo continente. 

Símbolo de la capital, junto al Capitolio Nacional y el Castillo de los Tres Reyes del Morro, el célebre muro se extiende casi ocho kilómetros, distancia  perecedera que lo ha identificado a través del tiempo. Asimismo, su trazado peculiar sirvió para consumar diversos acontecimientos, incluyendo carreras automovilísticas –donde han participado competidores de talla mundial como el campeón argentino Juan Manuel Fangio-, filmaciones de películas, desfiles y conciertos.

Transitar de noche por el centenario malecón desenmascara gran parte de la vida citadina. Música, juegos, pláticas y encuentros fortuitos le impregnan vitalidad a miles de metros de puro cemento. Impetuoso, el malecón parece dictar desde su posición dominante la tempestad de las olas y el devenir de cuanto visitante desee conocerlo. Por eso, CUBAHOSPEDA le invita a ser testigo de una de las vistas más hermosas de América, donde el collar de luces de la ciudad abraza al litoral en una caricia de amor eterno, un beso a la orilla del mar que circunda al banco más largo de Cuba. Sin más preámbulo, le deseamos que lo viva por sí mismo ¡Buen viaje!

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